EDITORIAL
Sol Latino
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La Union hace la fuerza.

Del Caribe conozco la parte que corresponde a mi pais, Colombia, pero gracias a entranables amistades que he entablado aqui en Grecia, con gente de Cuba, de Republica Dominicana de Bahamas, he logrado ampliar mis horizontes en ese lugar tan especial del planeta. Quien nace en el Caribe lleva en sus venas un sincretismo de sangre negra, blanca e indigena, mezclada con sol, brisa, mar, musica, colores y ganas de vivir pese a las adversidades. Acaso nacer y crecer en una isla cualquiera en cualquier parte del mundo, en un trozo de tierra rodeado de mar, no suponga un limitante, sino por el contrario, el aliciente que les hace desarrollar un espiritu mas libre, sonador, viajero, imaginativo, a la vez que consciente de sus dimensiones y alcances.
Como residente de Bogota, a 2600 metros de altura y a casi 16 horas de la costa del mar Atlantico, he de confesar que fue en la costa caribena de Colombia donde pase las vacaciones mas inolvidables de mis primeros 25 anos. La experiencia de aterrizar en Cartagena de Indias o en la isla de San Andres, o bien de llegar a Santa Marta y Barranquilla, so pretexto de visitar a algun familiar “de la costa” o que este tuviera algun motivo para invitarnos a los “del interior”, de sentir el calor -a veces humedo-, el olor a tierra caliente, de despojarme de botas y medias para calzarme unas simples sandalias, de intercambiar la indumentaria gruesa y cerrada por una camiseta y pantalones cortos, de nadar en aguas calienticas -temperatura de mar que no suele ser del agrado de muchos griegos-, en playas de arena blanca y de disfrutar de la musica y el baile en cualquier dia del ano son vivencias y momentos de solaz que hasta la fecha anoro y sigo evocando con una sensacion de libertad que me identifica con ese punto de la tierra y que me transporta al Macondo de Gabriel Garcia Marquez.
Tras la catastrofe de Haiti el pasado 12 de enero, esta edicion de Sol Latino no puede menos que estar dedicada  a las islas de ese continente americano, a su gente, a sus tradiciones, a sus sinsabores y problemas endemicos. Y, si bien es cierto que el siniestro dejo incontables damnificados, no solo hay que referir el pillaje y la hostilidad que se ha dado entre ellos, sino tambien el desamparo que les ha hecho mas solidarios. Asimismo, hay que dar cuenta de la solidaridad y ayuda voluntaria aportada a Haiti por parte de los paises de la comunidad internacional, entre los que se cuentan los latinoamericanos. Todo ello constituye prueba fehaciente de que la union hace la fuerza, de que, en cuanto a solidaridad, hay mucho por hacer todavia y de que todos y cada uno de nosotros tenemos el deber y la responsabilidad de ayudar a quienes se encuentren desamparados.
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